Bio

Baeza (Jaén) una pequeña ciudad de Andalucía donde creció este artista, Javier Aldarias. Este joven artista comenzó sus andadas por el arte urbano, en 2009, plagando de dibujos los muros de su ciudad y de otras. Comenzó a adentrarse en el arte y a descubrir todo tipo de técnicas y estilos existentes.

 

Realizó el bachillerato de artes en su ciudad y luego se marchó a Cuenca, a estudiar el Grado en Bellas Artes en la Facultad de Cuenca, Universidad de Castilla la Mancha, donde actualmente continúa realizándose como artista.

 

Javier es un artista que abarca muchos de los campos del arte, desde el graffiti, la pintura, pasando también por el grabado, la serigrafía y la escultura.

 

Ha expuesto tanto a nivel nacional como internacionalmente, pasando por ciudades como Madrid, Jaén, Cuenca, Mallorca, Pontevedra, Barcelona, Holanda, Londres,Mexico y Cracovia, entre otros.

 

Sus obras hablan de la sociedad actual, donde existe un mundo de necesidad explosiva y ansia de enseñar el nivel de vida, lujo y donde el contexto sexual sobresale como pilar fundamental para fomento de envidias necesarias para llenar de ego las mentes que más necesitan expulsar, con repudio, una gran mentira de las apariencias. Las apariencias del enojo que conlleva el vacío y sensualidad que se puede alcanzar con la oscuridad. La viva captura de la desgracia de ser, de estar, y el tormento de continuar.


Del mundo real fusionado con los sueños aparecen miradas bajas, sonrisas hipócritas, cuerpos vulnerables y entornos paradisiacos con los que juega este joven artista, que, gracias a su versatilidad con materiales como el bronce, oleo, y acrílico construye mundos que resurgen de las cenizas de la gran mentira, del lujo fugaz, de un espejismo de sueños truncados por una realidad llena de vacío.


Inmortalizar sucesos queda atrás cuando de reflejar ideas se trata y en este conjunto de obras queda patente la veracidad de la realidad inexorable de estar solos, aunque la compañía abunde en nuestro alrededor, las ideas que surgen al pestañear delante de cada obra, la ventana al idealismo que de repente rompe con una profunda y oscura tristeza que ensordece.


Rostros que no expresan, miradas imparables hacia su fin, sutiles vientos que rozan inmutablemente cada uno de los cuerpos de bronce, fríos, a pesar de estar constantemente rodeados de gente, desolados, a pesar de aparentar una fantasía de lujuria sin fin.


Así es lo que concluye en la en esencia de lo que somos y lo que seremos, un hueco, el hueco que deja tras de si el poder de la desesperanza.